Dhammapada – Historia del thera Cakkhupala

Uno de los libros más conocidos y traducidos del Canon Pali (el grupo de libros canónico de la tradición budista theravada, recogidos en su mayoría en el Kangyur Tibetano y los Agamas chinos) es el Dhammapada. Cada uno de estos versos, que en realidad encontramos repartidos a lo largo de todo el conjunto de discursos recogidos en los libros canónicos (Suttanta), tiene asociada una historia.

Sin entrar a valorar la veracidad histórica de estas historias que acompañan los versos; me parecen muchas de ellas inspiradoras y con interesantes moralejas (pues la mayoría nos aportan reflexiones en el campo de la moralidad o siila) que pueden ayudarnos a reflexionar y enfocar aspectos de nuestra vida diaria. Otro aspecto interesante de estos versos, es que muchos de ellos, aunque nos traigan enseñanzas que conciernen al campo del siila, según recoge la historia, acaban con la entrada en la corriente o incluso completo despertar de la persona o personas a quien va dirigido.

El texto que decido traducir a continuación nos muestra una historia en la que una respuesta razonable, pero llena de odio, por parte de una persona ante el engaño de que es objeto, le acarrea consecuencias negativas en el futuro. Nosotros, en la vida de hoy, estamos expuestos a un cúmulo de situaciones aparentemente injustas y, en muchos casos, respondemos con el mismo odio de que esas injusticias están cargadas. ¿A cambio de qué?

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Verso 1o del Dhammapada Cakkhupalatthera Vatthu

Manopubbangama dhamma1 manosettha manomaya manasa ce padutthena2 bhasati va karoti va tato nam dukkhamanveti cakkamva vahato padam.

La mente precede a todo lo conocible, la mente lo gobierna y lo crea.

Cuando uno actúa o habla con la mente corrupta,

la insatisfacción causada por esto, le sigue como la rueda sigue a la pezuña del buey.

(traducción disponible en www.bosquetheravada.org) Los estados mentales están precedidos por la mente, liderados por la mente, creados por la mente. Si uno habla o actúa con mente impura, de aquí el sufrimiento lo sigue a uno como la rueda [sigue] la pata [del buey] que tira [el carro] (traducción del Venerable U Nandisena disponible en www.buddhismohispano.org)

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La historia del thera1 Cakkhupala

Mientras residía en el monasterio de Jetavana en Savatthi, el Buddha pronunció el verso primero de este libro, en referencia al thera Cakkuphala, un thera ciego.

En cierta ocasión, thera Cakkhupala, fue a rendir homenaje al Buddha en el monasterio de Jetavana. Una noche, mientras caminaba arriba y abajo en su meditación, el thera pisó accidentalmente varios insectos. Por la mañana, algunos monjes que visitaron al thera, encontraron los insectos muertos. Por ello, pensaron mal del thera y explicaron el caso al Buddha. El Buddha les preguntó si habían visto al thera matar a esos animales. Cuando le respondieron negativamente, el Buddha dijo, “Del mismo modo en que vosotros no le habéis visto matar a esos insectos, así él tampoco ha visto a esos insectos cuando estaban vivos. Además, dado que el thera ha logrado el estado de arahat, no podía tener intención alguna de matar y es por ello inocente”. Cuando le preguntaron al Buddha por qué Cakkhupala era ciego aunque era un arahat, el Buddha explicó la siguiente historia:

Cakkhupala era un médico en una de sus vidas pasadas. En una ocasión, de forma deliberada, hizo que una de sus pacientes se quedara ciega. Esa mujer le prometió que, junto con sus hijos, sería su esclava si sus ojos quedaban completamente curados. Temiendo que ella y sus hijos tuvieran que ser esclavos del médico, le mintió. Le dijo que sus ojos estaban empeorando cuando en realidad estaba curados. El médico sabía que ella le estaba engañando y, en represalia, le dio otro ungüento, que la dejó completamente ciega. Como resultado de esta acción negativa, el médico perdió la vista en muchas ocasiones en sus siguientes existencias.

En esta ocasión, habiendo tomado la determinación durante un retiro de lluvias (tres meses en que los monjes permanecen en un lugar fijo) de no estirarse, thera Cakkhupala comenzó a sentir picor en los ojos. Al ver que proseguí el pico y que se agravaba, consultó con el médico del pueblo que daba apoyo al grupo de monjes con el que el thera convivía. El médico le dio un ungüento para curar la molestia y le dio unas instrucciones precisas para tomarlo. Le dijo que debía permanecer estirado cuando se aplicara el ungüento. Cuando al cabo de unos días el thera le dijo que no funcionaba el médico se sorprendió. Tras preguntar al thera y comprender que este no se estiraba, le dijo que si no seguía esta indicación el ungüento no haría el efecto deseado y que él no podía hacer nada más. Y así, el médico dejó de tratar a thera Cakkhupala

Thera Cakkhupala consideró que en su caso era más conveniente perseverar en la determinación que había tomado al comenzar el retiro de lluvias que romperla y seguir los consejos del médico2. En el transcurso del retiro de lluvias Cakkhupala logró el estado de arahat pero en ese momento (o justo antes, depende de la traducción consultada…), como fruición de la acción pasada, perdió también la visión en ambos ojos.

Y fue en una visita al monasterio que sucedió lo explicado al principio3. Cuando el Buddha hubo explicado los hecho relativos a la vida anterior del thera, entonces pronunció los siguientes versos:

La mente precede a todo lo conocible,

la mente lo gobierna y lo crea.

Cuando uno actúa o habla

con la mente corrupta,

la insatisfacción causada por esto, le sigue

como la rueda sigue a la pezuña del buey.

(traducción disponible en www.bosquetheravada.org) Los estados mentales están precedidos por la mente, liderados por la mente, creados por la mente. Si uno habla o actúa con mente impura, de aquí el sufrimiento lo sigue a uno como la rueda [sigue] la pata [del buey] que tira [el carro] (traducción del Venerable U Nandisena disponible en www.buddhismohispano.org)

Tras la explicación y versos del Buddha treinta mil monjes entraron en el estado de arahat.

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Que los méritos de esta acción sean compartidos con todos los seres para su pronto despertar y que todos los seres se regocijen en la bondad y

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FUENTES:

1.- Dhammapada verses and stories. Sitagu Buddhist Academy. Burma http://www.tipitaka.net/tipitaka/dhp/

2.http://www.buddhistvihara.com/newsletters/2002-spring/kamma_of_cakkhupala_thera.htm

3.- www.bosquethervad.org

4.- www.buddhismohispano.org

NOTAS

1NT: thera quiere decir mayor, anciano. Se aplica a aquellos monjes que han estado más de 10 años en la orden.

2NT: No se trata de emular a Cakkhupala en semejante acto. El motivo de la traducción estaba enfocado a no realizar actos basados en odio, por muy razonables que parezcan en respuesta a otros actos. En cuanto a la acción de Cakkhupala aquí, lo relevante es que tengamos la capacidad de tomar la decisión que sea adecuada para nosotros, que en este caso bien podría ser romper esa determinación y estirarse. Otro verso del Dhammapada ilustra bien qué condiciones acompañan las decisiones adecuadas:

Verso 68: Aquel acto consumado del que decimos: ¡Bien hecho! es aquel del que no nos arrepentimos, y del que estamos felices y contentos por su resultado.

3NT: la historia que recuerdo yo es algo diferente, pero no sé si tengo un cruce. De todos modos tampoco es muy relevante si son los compañeros mismos de Cakkhupala los que generan desagrado al ver los insectos muertos u otros monjes que están con el Buddha. La historia que recuerdo yo es que como Cakkhupala enferma acaban por llevare la comida. Como durante el retiro se ilumina y queda ciego, nadie es consciente de que está ciego. Al final del retiro de lluvias, sus compañeros, como es habitual, deciden ir a visitar al maestro. Invitan a Cakkhupala a acompañarles y este declina porque está ciego. Ese día ven los insectos y reportan al Buddha cuando lo encuentran. Es entonces cuando el Buddha les explica, pronuncia el verso y ellos despiertan. El Buddha manda luego a uno de ellos a buscar al thera. Quizá este en el libro de Burlingame, Buddhist legends (una traducción del comentario del Dhammapada) pero no he podido consultarlo. O quizá sea un cruce mío de historia 🙂

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