Vivir en la enfermedad

La vida nos brinda la oportunidad de aprender a través de las situaciones que se nos presentan. Las situaciones en la vida, como nos expone el sutta de los ocho Dharmas mundanos, oscilan entre placer y dolor, ganancia y pérdida, recibir alabanzas o críticas y ser conocido o no. Todos nos movemos, en mayor o menor medida, entre estas ocho  situaciones. Del mismo modo, como nos indica la primera noble verdad que nos expone la doctrina budista, todos, invariablemente, estamos expuestos a ciertas situaciones que, sin una actitud adecuada, nos llevan a sentir insatisfacción, estrés y ansiedad. Entre estas situaciones se citan el nacer, el envejecer y el morir, el estar separado de aquello y aquellos con quien queremos estar y el estar conectado a aquello y aquellos con quien no queremos estar, y en definitiva, el estar apegado a los cinco componentes (materia, sensaciones, percepciones, formaciones mentales y conciencia condicionada)

Como vemos todos estamos sujetos a estas situaciones y experiencias, a este vaivén. Y es solamente la actitud la que nos lleva a sentirnos desdichados de una manera fatalista, afortunados de una manera exaltada, o a reconocer las situaciones y la vida por lo que realmente son. Son esas mismas experiencias de la vida, que, observadas con calma, aceptación e investigación pueden lograr que la sabiduría y la concentración se asienten poco a poco en nosotros descubriendo la magia (bienestar) que hay en el simple hecho de aceptar y conocer las cosas tal como son a sus diferentes niveles y vivir consecuentemente con ello. Cuando decimos “aceptar” no estamos hablando de una resignación forzada sino de aceptar con sinceridad, gozo y humildad como son las cosas tanto a nivel superficial  como profundo y abrirse a la respuestas creativas que les da un corazón abierto, calmo y feliz en sí mismo.

Aquí os presento un texto que pedí a un amigo que ha hecho buen uso de una circunstancia desagradable que la vida le trajo, una enfermedad. Aunque ha pasado momentos difíciles, de gran conflicto interior y estrés mental, ha transformado en néctar de vida su enfermedad. Él insiste, sabiamente, en no llamar a esta sabiduría néctar, consciente que una sabiduría incipiente, puede fácilmente agriarse en las situaciones difíciles si uno no mantiene esa actitud adecuada de investigación y apertura. Consciente de que la mirada de los demás puede pensar que él ya sabe, ¡qué presión para uno!, cuando en realidad uno está todavía en un proceso de aprender y conocer a cada instante. Sin asir ciegamente la sabiduría que uno tiene, y permitiendo que esta continúe creciendo y profundizándose en cada instante.

Con mis mejores deseos que todos sepamos hacer lo propio desde hoy mismo con cualquier vivencia que tengamos ya sea placentera, dolorosa o neutra, sin tener que esperar a estar contra las cuerdas, como sucede cuando llega la enfermedad.

Coleccionar atenciones ajenas: El abandono paulatino de un hábito

(Me gustaría no tener que estrechar los límites de este escrito a la comprensión de un puñado de conceptos, pero el canal de comunicación al que me adapto únicamente me deja hacerlo así. Por eso quiero hacer hincapié en la idea de que lo que me gustaría que compartiéramos aquí es, según mi comprensión,  parte de lo inconceptualizable. Esto es: es la percepción misma y su manera de aflorar en cada uno de nosotros)

Cuando la cadena de acontecimientos naturales en tu organismo crea disfuncionalidades, sean cuales sean, impidiendo cosas tan obvias como poner un pie inmediatamente después del otro para caminar, nada acaba, quizás todo esté por comenzar.

Imaginemos un puzzle que en origen tenía 180 piezas pero que ahora solamente tiene 165 piezas. La imagen que conseguiremos después de intentar montarlo no será completa pues tendrá agujeros y cantos entrecortados por la falta de esas 15 piezas. Probablemente decidiremos pensar que es algo incompleto, feo, falto de sentido o estúpido, e incluso algunos aseguraremos que no es un puzzle pero… ¿intentaremos ver la imagen que nos deja ahora este puzzle mutilado? ¿dejaremos la suficiente distancia para observar la totalidad de la imagen y del mensaje que lleva consigo aunque falten piezas?

¿Observo solamente lo que es bello o siento lo bello que es observar?

Se trata de dos dimensiones distintas. Dos opciones diferentes a mi entender. Dos maneras de crecer que muy poco se parecen. Dos maneras de observar que nos permiten ver las cosas de manera muy distinta: nuestro hábito o el miedo que provoca la falta del hábito. Las separa la inseguridad cuando el miedo se hace insoportable en cada uno de nosotros. Las separa el odio, cuando el miedo y cualquier otro intento por derrocarlo resulta inútil.

Un agujero en el puzzle o el impedimento para caminar, no necesariamente deben oponerse al objetivo por el que montas un puzzle o a la decisión de vivir plenamente o, al menos, de intentarlo. ¿Qué otras formas esconde la nueva imagen del puzzle mutilado o el ponerse a caminar por un camino que poco tiene que ver con el camino de “el coleccionista de atenciones”?

Cuando coleccionaba atenciones ajenas necesitaba poseerlas para luego retenerlas y sentir por fin el pulso de… ¿mi propia vida?, ¿o de una vida de la que se apropiaron todos esos acontecimientos que escapan a mi control pero que, pese a ello, no cesaba en mi intento por controlar? Digo “propia vida” para definir la vida que a veces imaginamos de acuerdo a los títulos de atención que tenemos en propiedad.

Me pasé muchísimos años entendiendo lo que digo, opino o pienso, comprendiendo desde mi intelecto lo que eso significaba. Trataba de recurrir a estos discursos para sentir el control sobre lo que acontece a mi alrededor creyendo así estar obteniendo una vida plena en recompensa.

Hoy es diferente. Hoy se que sólo cuando cesó esa actividad en mi mente, sólo entonces, asomó la paz que había quedado totalmente cubierta por millones de palabras lanzadas mayormente en forma de autocompasión, de crítica, de provocación, de dolor… Al final hablaba solamente y reincidía a diario en un mismo proceso personal que solidificaba el recuerdo o proyectaba desgracias, e incluso alegrías, con tal de evadir aquél presente que hoy amo.

Que mi cuerpo muere lentamente ya es un hecho, y que este hecho genera emociones también lo es. Entonces… ¿cómo puede morirse algo que está generando un sentimiento y una forma de pensar “nueva”? Esa es la primera de las cuestiones que me tenían frito… Cuanto más dejaba de vivir mi cuerpo más oportunidades se presentaban para hacerlo… Vivir.

Van a pasar 9 años desde aquella noticia a la que, sinceramente, no le puedo guardar ningún rencor, dolor o rabia. Mi enfermedad me ha ayudado más que perjudicado. Es una guía. Me ayudó a dejar de confrontar el Fede que soy con el Fede que debería ser según ese entorno al que “parasitaba” sin ofrecerle nada a cambio…

Esa ruptura dio paso a la tranquilidad con la que ahora te escribo y poco a poco fui amigándome con esta nueva condición que me hace así de bonito. Algunas veces le he explicado esto a mi hermana y puedo decirlo aquí de nuevo: Agradezco mi condición física porque ha sido la forma en la que me he puesto a vivir tal y como antes solamente soñaba.

Quizás pensando como lo hacía hubiera acabado dando vueltas sobre mi mismo hasta enterrarme bajo el suelo que piso y que me da soporte – que me sostiene, siempre.

Gracias es la palabra que más se acerca a lo que ahora vivo, a lo que ahora veo.

Tengo 36 años pero me pude a vivir hace 5.

Fede

Si este texto os ha sido útil, quizá esta entrada también os sea de interés: La consideración de la enfermedad y la muerte como camino a la plenitud interior.

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Una respuesta a Vivir en la enfermedad

  1. Mario Lucarda dijo:

    Gracias Giulio. Acabo de escribir a una amiga abrumada por temas familiares y personales. Leeré este texto y me dará bases para poderla aliviar, cuando nos veamos. Un abrazo. Mario

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