Vivir en la enfermedad

La vida nos brinda la oportunidad de aprender a través de las situaciones que se nos presentan. Las situaciones en la vida, como nos expone el sutta de los ocho Dharmas mundanos, oscilan entre placer y dolor, ganancia y pérdida, recibir alabanzas o críticas y ser conocido o no. Todos nos movemos, en mayor o menor medida, entre estas ocho  situaciones. Del mismo modo, como nos indica la primera noble verdad que nos expone la doctrina budista, todos, invariablemente, estamos expuestos a ciertas situaciones que, sin una actitud adecuada, nos llevan a sentir insatisfacción, estrés y ansiedad. Entre estas situaciones se citan el nacer, el envejecer y el morir, el estar separado de aquello y aquellos con quien queremos estar y el estar conectado a aquello y aquellos con quien no queremos estar, y en definitiva, el estar apegado a los cinco componentes (materia, sensaciones, percepciones, formaciones mentales y conciencia condicionada)

Como vemos todos estamos sujetos a estas situaciones y experiencias, a este vaivén. Y es solamente la actitud la que nos lleva a sentirnos desdichados de una manera fatalista, afortunados de una manera exaltada, o a reconocer las situaciones y la vida por lo que realmente son. Son esas mismas experiencias de la vida, que, observadas con calma, aceptación e investigación pueden lograr que la sabiduría y la concentración se asienten poco a poco en nosotros descubriendo la magia (bienestar) que hay en el simple hecho de aceptar y conocer las cosas tal como son a sus diferentes niveles y vivir consecuentemente con ello. Cuando decimos “aceptar” no estamos hablando de una resignación forzada sino de aceptar con sinceridad, gozo y humildad como son las cosas tanto a nivel superficial  como profundo y abrirse a la respuestas creativas que les da un corazón abierto, calmo y feliz en sí mismo.

Aquí os presento un texto que pedí a un amigo que ha hecho buen uso de una circunstancia desagradable que la vida le trajo, una enfermedad. Aunque ha pasado momentos difíciles, de gran conflicto interior y estrés mental, ha transformado en néctar de vida su enfermedad. Él insiste, sabiamente, en no llamar a esta sabiduría néctar, consciente que una sabiduría incipiente, puede fácilmente agriarse en las situaciones difíciles si uno no mantiene esa actitud adecuada de investigación y apertura. Consciente de que la mirada de los demás puede pensar que él ya sabe, ¡qué presión para uno!, cuando en realidad uno está todavía en un proceso de aprender y conocer a cada instante. Sin asir ciegamente la sabiduría que uno tiene, y permitiendo que esta continúe creciendo y profundizándose en cada instante.

Con mis mejores deseos que todos sepamos hacer lo propio desde hoy mismo con cualquier vivencia que tengamos ya sea placentera, dolorosa o neutra, sin tener que esperar a estar contra las cuerdas, como sucede cuando llega la enfermedad.

Coleccionar atenciones ajenas: El abandono paulatino de un hábito

(Me gustaría no tener que estrechar los límites de este escrito a la comprensión de un puñado de conceptos, pero el canal de comunicación al que me adapto únicamente me deja hacerlo así. Por eso quiero hacer hincapié en la idea de que lo que me gustaría que compartiéramos aquí es, según mi comprensión,  parte de lo inconceptualizable. Esto es: es la percepción misma y su manera de aflorar en cada uno de nosotros)

Cuando la cadena de acontecimientos naturales en tu organismo crea disfuncionalidades, sean cuales sean, impidiendo cosas tan obvias como poner un pie inmediatamente después del otro para caminar, nada acaba, quizás todo esté por comenzar.

Imaginemos un puzzle que en origen tenía 180 piezas pero que ahora solamente tiene 165 piezas. La imagen que conseguiremos después de intentar montarlo no será completa pues tendrá agujeros y cantos entrecortados por la falta de esas 15 piezas. Probablemente decidiremos pensar que es algo incompleto, feo, falto de sentido o estúpido, e incluso algunos aseguraremos que no es un puzzle pero… ¿intentaremos ver la imagen que nos deja ahora este puzzle mutilado? ¿dejaremos la suficiente distancia para observar la totalidad de la imagen y del mensaje que lleva consigo aunque falten piezas?

¿Observo solamente lo que es bello o siento lo bello que es observar?

Se trata de dos dimensiones distintas. Dos opciones diferentes a mi entender. Dos maneras de crecer que muy poco se parecen. Dos maneras de observar que nos permiten ver las cosas de manera muy distinta: nuestro hábito o el miedo que provoca la falta del hábito. Las separa la inseguridad cuando el miedo se hace insoportable en cada uno de nosotros. Las separa el odio, cuando el miedo y cualquier otro intento por derrocarlo resulta inútil.

Un agujero en el puzzle o el impedimento para caminar, no necesariamente deben oponerse al objetivo por el que montas un puzzle o a la decisión de vivir plenamente o, al menos, de intentarlo. ¿Qué otras formas esconde la nueva imagen del puzzle mutilado o el ponerse a caminar por un camino que poco tiene que ver con el camino de “el coleccionista de atenciones”?

Cuando coleccionaba atenciones ajenas necesitaba poseerlas para luego retenerlas y sentir por fin el pulso de… ¿mi propia vida?, ¿o de una vida de la que se apropiaron todos esos acontecimientos que escapan a mi control pero que, pese a ello, no cesaba en mi intento por controlar? Digo “propia vida” para definir la vida que a veces imaginamos de acuerdo a los títulos de atención que tenemos en propiedad.

Me pasé muchísimos años entendiendo lo que digo, opino o pienso, comprendiendo desde mi intelecto lo que eso significaba. Trataba de recurrir a estos discursos para sentir el control sobre lo que acontece a mi alrededor creyendo así estar obteniendo una vida plena en recompensa.

Hoy es diferente. Hoy se que sólo cuando cesó esa actividad en mi mente, sólo entonces, asomó la paz que había quedado totalmente cubierta por millones de palabras lanzadas mayormente en forma de autocompasión, de crítica, de provocación, de dolor… Al final hablaba solamente y reincidía a diario en un mismo proceso personal que solidificaba el recuerdo o proyectaba desgracias, e incluso alegrías, con tal de evadir aquél presente que hoy amo.

Que mi cuerpo muere lentamente ya es un hecho, y que este hecho genera emociones también lo es. Entonces… ¿cómo puede morirse algo que está generando un sentimiento y una forma de pensar “nueva”? Esa es la primera de las cuestiones que me tenían frito… Cuanto más dejaba de vivir mi cuerpo más oportunidades se presentaban para hacerlo… Vivir.

Van a pasar 9 años desde aquella noticia a la que, sinceramente, no le puedo guardar ningún rencor, dolor o rabia. Mi enfermedad me ha ayudado más que perjudicado. Es una guía. Me ayudó a dejar de confrontar el Fede que soy con el Fede que debería ser según ese entorno al que “parasitaba” sin ofrecerle nada a cambio…

Esa ruptura dio paso a la tranquilidad con la que ahora te escribo y poco a poco fui amigándome con esta nueva condición que me hace así de bonito. Algunas veces le he explicado esto a mi hermana y puedo decirlo aquí de nuevo: Agradezco mi condición física porque ha sido la forma en la que me he puesto a vivir tal y como antes solamente soñaba.

Quizás pensando como lo hacía hubiera acabado dando vueltas sobre mi mismo hasta enterrarme bajo el suelo que piso y que me da soporte – que me sostiene, siempre.

Gracias es la palabra que más se acerca a lo que ahora vivo, a lo que ahora veo.

Tengo 36 años pero me pude a vivir hace 5.

Fede

Si este texto os ha sido útil, quizá esta entrada también os sea de interés: La consideración de la enfermedad y la muerte como camino a la plenitud interior.

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Curso online GRATUITO (en español) del programa de mindfulness MBSR (ocho semanas), con certificación

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Finalmente traducido! Un curso extremadamente útil. Preparado por un profesor oficial, cualificado MBSR, con años de experiencia y traducido por un equipo de 32 graduados hispanoparlantes de diversos orígenes (España y Lationoamerica). Con total libertad para comenzar cuando te vaya bien, eso sí, después son 8 semanas de intenso curso. Tiene mucho y muy buen material. Mi única sugerencia es que no abarques más del que puedas. El curso se basa en asentar la atención plena, o presencia, no en acumular información. Que lo disfrutéis y os traiga beneficio (importante en este caso seguir las instrucciones que encontrarás en la web)

¿Te animas? Aquí está la página del curso:

https://palousemindfulness.com/es/index.html

Buen camino!

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Sembrando el corazón

Sembrando el corazón

La práctica del amor-universal con niños

por Gregoy Kramer

Querid@s,

os presento este texto con mucho amor. Su título: Sembrando el corazón. La práctica del amor-universal con niños .Edición fruto del trabajo de una cuidada traducción, a cargo de Giulio Santa, y de un bello texto introductorio a cargo de Esther Montmany. Gregory Kramer, el autor, es un reconocido maestro de meditación con sabios y profundos linajes que apoyan su camino, y ha desarrollado también su propia creatividad en la transmisión, especialmente con la creación de la técnica relacional del Diálogo de Interiorización (Insight Dialogue-ID). Además es padre de tres niños y antes de dedicarse por completo a la enseñanza de la meditación también trabajó como profesor de composición de música en la Universidad de Nueva York.

En el texto que os presentamos Gregory nos acerca cómo ha practicado él a lo largo de los años meditación de amor-universal (metta) con sus hijos antes de ir a dormir. El texto, no sólo nos acerca a cómo practicar la meditación del amor-universal con niños, sino que nos da las bases de cómo establecer una relación sana con los más pequeños, de cómo comunicarnos con ellos, de cómo crecer juntos y acompañarlos-acompañarnos en el crecimiento. Esto último es lo que encontraréis muy bien explicado, en la introducción de Esther, que, entre otras cosas, se dedica a compartir con familias el vivir junto a nuestros hijos una crianza consciente.

Espero haberos animado a la lectura con esta presentación, no os entretengo más y os dejo con el texto. Para los que prefiráis descargarlo en pdf podéis clicar en este enlace para descargarlo: Sembrando el corazón. La práctica del amor-universal con niños.

Traiga beneficio a muchos ¡A disfrutar!

Giulio Santa

(encontraréis al final de la entrada los copyrights)

Si tenéis interés en ver actividades de crianza consciente en las que participo, podéis clicar este enlace para ver un vídeo del Encuentro de Crianza Consciente de agosto 2016 en Can Camps. Este vídeo incluye textos e imágenes para que podáis tener una mejor aproximación a esta vivencia.

AGRADECIMIENTOS

Cuando encontré este texto en la página de Buddhanet sentí que sería bello, por la gran pedagogía que muestra, que estuviera disponible en castellano. Tantas veces queremos compartir cosas con los niños, cosas en sí mismas positivas. Pero sin la manera adecuada de compartir, nuestros intentos no consiguen despertar en el niño interés, incluso a veces, despiertan rechazo.

Quería agradecer a Gregory Kramer por la autorización para traducir el texto y para que estuviera disponible en el blog Luz de atención constante; a Erica Pittman y Jean Wu por facilitar la comunicación con G. Kramer, a Marita Gomis por su ayuda en la traducción, a Delia Serruya por su revisión de la traducción y a Esther Montmany por hacer una introducción que recogiera y condensara los aspectos pedagógicos del texto, independientemente de la práctica del metta. También a todos los que no están y sientan que deban estar.

Espero que este texto traiga grandes e incontables beneficios para muchos padres y niños, la sociedad en general y todos los seres. ¡Éxito!

Giulio Santa

En esta ocasión el traductor, editor y coordinador

Introducción  a la traducción castellana

(por Esther Montmany)

Cuando mi amigo Giulio me envió este artículo de Gregory Kramer sobre cómo compartir la práctica de Metta con l@s más pequeñ@s, pensé que una vez más me encontraría con un texto lleno de buenas intenciones pero lejos de la realidad de l@s más pequeñ@s. Tantas veces y de tantas maneras diferentes los adultos queremos compartir con nuestros hijos eso que nos parece interesante y bonito, sin ser verdaderamente capaces de mirar las necesidades reales y el momento en el que están ell@s. Con las mejores intenciones intentamos seguir consejos y técnicas que nos gregory-kramer-photoparece pueden dar a l@s más pequeñ@s eso que nos gustaría haber recibido a nosotr@s. No siempre conseguimos verdaderamente llegar a ellos e incluso a veces justo rechazan aquello que tanto nos importa. Como podéis ver, tenía una predisposición crítica y escéptica. De todas formas, leí el texto y para mi alegría me sorprendió de forma muy positiva. Encontré en él algunos factores que desde mi experiencia en la crianza son necesarios para un compartir sincero, y que abren una verdadera oportunidad de integrar una herramienta que puede ser muy beneficiosa. Cuando expresé a Giulio mi alegría, me propuso escribir estos detalles que se convierten, desde mi punto de vista, en la puerta abierta que nos permite realmente llegar y nutrir a l@s que están creciendo a nuestro lado. Esto es pues, lo que me dispongo a hacer, esperando nos aporte claridad y ayude a tener éxito tanto en este propósito de ofrecer una preciosa oportunidad de cultivar el amor-universal, como en cualquier otra actividad que sintamos pueda ser beneficiosa para l@s más jóvenes.

Un primer punto esencial es que Gregory practica regularmente y siente en sí mismo y en su vida los beneficios de esta maravillosa práctica. Sólo podemos ofrecer aquello que ya hemos experimentado e integrado en nosotr@s mism@s.

El siguiente punto que me parece esencial, es que el autor en todo momento expresa su desapego en cuanto a si sus hijos quieren o no quieren aceptar esta propuesta. Aunque él ama a sus hijos y les quiere dar lo mejor, en todo momento deja espacio para que sean ellos que lo prueben por sí mismos y decidan si les va bien o no, si lo quieren o no. Aunque parece obvio, muchas veces son tantas nuestras ganas de compartir que estas se convierten en el principal centro de atención y nos olvidamos de escuchar a nuestr@s hij@s. Cuando actuamos así, damos poco espacio para que ell@s realmente prueben y experimenten con libertad y de forma relajada. Sin presión. En ocasiones veo como l@s niñ@s hacen algunas cosas por el placer de ver a sus padres contentos o porque se ven llevados por el entusiasmo de ellos. Cuando así sucede, sólo conseguimos que el niñ@ practique mientras estamos allí, porque su foco de interés no es la práctica en sí. De hecho, esta se convierte en algo secundario, en un medio para recibir otra cosa más importante. El valor de la vivencia que nos comparte Gregory es que por decisión propia y gracias a una verdadera experiencia personal, el niño puede integrar la práctica en su vida cuando la necesita. Nos explica, por ejemplo, que cuando él no está sus hijos se sienten capaces de seguir practicando y que su hijo mayor, en edad adolescente, al verlo ocupado con sus hermanos pequeños insiste menos en que su padre esté presente para la práctica y aún así sigue beneficiándose de ésta.

También me alegró cuando Gregory nos aclara que aparte de practicar meditación junto con sus hijos les dedica tiempo en muchas otras actividades. Si sólo les diera atención de esta manera, los niños tendrían pocas posibilidades de elegir. Antes de dormir también tienen su cuento y el detalle de que sea inventado, nos deja ver con que dedicación, intimidad y frescura se llena ese momento. También nos habla del rato de estar juntos sin más, sin ningún otro objetivo que gozar el uno del otro… se nos hace obvio que con este marco un niño pueda realmente abrirse o no a la propuesta que le hace su padre de practicar esta meditación y no que se abra a ella por necesidad de atención o por miedo a su desaprobación.

También me gustó mucho cuando leí la advertencia del padre. Nos avisa que necesitaremos dedicar bastante tiempo. Un reto para todos nosotros en los tiempos que corren. Pero no hay otra alternativa. Además también percibimos en el texto la importancia del compromiso del padre y de la constancia. Nos está hablando de años, noche tras noche. Esta continuidad ayuda a que este precioso hábito se establezca ya en la tierna vida del niño. Tomar conciencia de este gran regalo, nos puede ayudar esos días en los que sintamos cansancio, desanimo o pereza, o simplemente, no tengamos casi tiempo material, a dedicar ni que sean cinco minutos.

Ya para terminar, subrayar que en todo momento adapta su lenguaje y la meditación al niño y no al revés. Tiene en cuenta cada momento, cada situación, así como la edad y las vivencias del niño. De esta manera, no cae en automatismos y puede ir adaptando la meditación a las realidades del niñ@. Con esta dedicación y escucha, consigue que llegue al niño lo que puede comprender y lo que le nutre particularmente. Así es como consigue que le haga sentir bien y se convierta en una verdadera experiencia interior positiva. Siendo así, es natural que el niño quiera seguir practicando y integre en su vida lo que su padre con tanto amor y respeto ha ofrecido.

Aunque es posible que sintamos que actualmente somos incapaces de desarrollar tal relación con nuestros hijos, comenzar a cultivarla con humildad, comunicación y escucha hacia nosotros mismos, nuestra pareja y nuestros hijos, nos puede permitir, pese a que no nos salga bien a la primera, ir aprendiendo con las dificultades que encontremos, abrir poco a poco estas capacidades, centradas y creativas, y hacer que sean naturales en nosotros y en nuestros hijos.

Espero que gocéis de bellos momentos cada vez más largos y de crecer conjuntamente con vuestros hij@s. Que sean muchas familias que se nutran de los incontables beneficios de esta práctica.

Esther Montmany

Madre y educadora para un desarrollo integral con autonomía

Acompañante de crianza consciente en familia

Este texto de Esther Montmany está bajo licencia cc (Debes incluir la web de origen en caso de citarlo o utilizarlo en otra lugar así como la licencia a la que está sujeto)

Sembrando el corazón.

La práctica del amor-universal con niños

por Gregory Kramer

traducción Giulio Santa

Desde que mi primer hijo fue ya lo suficientemente mayor para entender el habla, he practicado con él la meditación del amor-universal cada noche a la hora de acostarse. He hecho lo mismo con mis otros dos hijos. Ahora hará unos dieciséis años. Me siento feliz por transmitir algunas de las cosas que he aprendido.

El amor universal es una práctica de meditación enseñada por el Buddha para cultivar el hábito mental del amor generoso, sin egocentrismo, altruista. Al despertar en nosotros sentimientos de bondad hacia nosotros, hacia aquellos que nos son cercanos y hacia todos los seres, facilitamos que surjan estos sentimientos en lugar de otros menos deseables. El odio no puede coexistir con el amor-universal; si reemplazamos los pensamientos que están enraizados en el odio con los que están enraizados en el amor, el odio se disipa y no se renueva.

El amor-universal hace que la mente sea más flexible, contra-resta los juicios que surgen en la medida en que nuestra percepción sobre nosotros mismos y los demás se hace más precisa y clara y nos lleva más allá de nuestro interés egoísta. Este movimiento hacia el exterior es muy importante para equilibrar el foco interior de la práctica meditativa. Los beneficios del amor-universal se extienden mucho más allá del propio meditador. Ofrece a todos la oportunidad de una amabilidad carente de egocentrismo, gozo interior, adaptabilidad y una posibilidad de comunicación más plena. Es una práctica verdaderamente universal y no es necesario relacionarlo con un concepto religioso en particular.

Siempre he dado a mis tres hijos la opción. La mayoría de noches querían claramente hacer esto. Sin embargo, si uno de ellos estuviera enfadado o molesto, le diría: “¿Te gustaría practicar el amor-universal esta noche?” y, si la respuesta es no, le diría, “Muy bien, tesoro”, le daría un beso (a través de la manta si fuera necesario) y le diría buenas noches. Así saben que es para ellos. Si ellos ven que realmente acepto no practicar, es decir, que de veras no herirá mis sentimientos, la práctica se mantiene viva y como parte de sus vidas. Esto evita que se convierta en un rito con poco significado.

Sentirse bien con la práctica de esta meditación es lo que la lleva a sus vidas. Asocian su propia felicidad y su paz con una meditación que desea la felicidad y la paz para ellos mismos y para los demás.

Es también una buena sensación el que la práctica se haya convertido en parte de lo que hacemos a la hora de acostarse, del mismo modo que contarles un cuento y estirarme con ellos. Es un tiempo especial de atención, ternura, fantasía, de abrir la mente y de amor de familia.

Para mí es un indicador de lo que esta práctica significa para ellos cuando, tras un momento de tensión, tal como una discusión, todavía quieren que practique amor-universal con ellos. En momentos así las asociaciones placenteras y beneficiosas de la meditación del amor-universal no tienen precio.

Durante mucho tiempo he esperado que llegara el día en que mi hijo mayor, que ahora tiene dieciocho años, no quisiera practicar más. Aunque esperaba esto, tanto él como yo nos hemos beneficiado de la conexión que sentíamos a la hora de ir a dormir (y, por supuesto, también en muchos otros momentos). A veces, el inicio de la adolescencia y su creciente independencia fueron un reto, pero esa conexión especial era muy fuerte. Estoy encontrando ahora una conexión similar con mi segundo hijo a medida que éste entra en sus años de adolescencia.

Lo que finalmente sucedió cuando el mayor alcanzó los dieciséis años de edad fue que a la hora de irse a la cama yo estaba más ocupado con sus otros dos hermanos y él simplemente se volvió menos insistente en mi presencia para la práctica. De vez en cuando le pregunto si todavía practica amor-universal por su cuenta y me alegra descubrir que lo hace.

Ahora bien, debo señalar que todo esto puede llevar mucho tiempo. Los cuentos (generalmente inventados en lugar de leídos), la meditación del amor-universal, y el tiempo de “estar” pueden llegar a veinte o treinta minutos en total. Con niños en habitaciones separadas esto puede llegar a una hora cada noche. A pesar de que pueda ser maravilloso, hay veces en que no puedo hacerlo. Y es bueno saber que incluso una práctica de cinco minutos tiene gran valor.

Es interesante que cuando estoy ocupado los chicos todavía piden un “amor-universal rápido” incluso antes que un cuento o que el tiempo de simplemente “estar” juntos. Cuando tengo que estar fuera de casa, se las apañan bien sin mí.

Aquí tenéis mi forma de hacer la práctica del amor-universal. Les pido que cierren los ojos y se relajen. Les sugiero que presten atención a su cuerpo, notando la sensación de estar estirados. Entonces ellos piensan junto conmigo mientras digo lo siguiente:

Envía amor-universal hacia ti mismo.

Realmente ámate.

Deséate ser feliz.

Piensa:

Me amo a mí mismo.

Que esté libre de ira.

Que esté libre de tristeza.

Que esté libre de dolor.

(realmente quiero estar libre de dolor).

Que esté libre de dificultades.

Que esté libre de todo sufrimiento.

Que tenga salud.

Que mi cuerpo sea fuerte y saludable,

Que esté lleno de amor-universal.

Que conozca el gozo de la generosidad y el amor.

Que yo sea feliz.

Que yo sea realmente feliz.

Que esté en paz.

Extiendo este amor-universal hacia afuera.

Envío amor a mamá y papá.

Que mamá y papá estén libres de dificultades.

Que estén libres de dolor y tristeza.

Que estén libres de apego,

libres de ira y rencor.

Que estén libres de todo sufrimiento.

Que mamá y papá estén sanos y saludables.

Completamente sanos y saludables.

Que estén en paz.

Envío amor universal a mis hermanos.

Que estén libres de tristeza e ira.

Que estén libres de enfermedades.

Que estén libres de todo sufrimiento.

Que estén felices y libres.

Libres de dolor, libres de dificultades.

Que estén bien y sean felices.

Que estén en paz.

Envío amor-universal a mis maestros

y a los niños de la escuela

(incluso a aquellos que no conozco).

Que estén todos libres de pena y dolor.

Que estén libres de ira y dificultades.

Que sean felices.

Libres de dificultades y de tristeza.

Que estén bien y sean felices.

Que estén en paz.

Ahora envío amor a todas las personas

que no conozco en todos los lugares del mundo.

Que todos los seres del planeta estén libres de sufrimiento.

Que estén libres de dolor, pena y desesperanza.

Que sean felices.

Verdaderamente felices.

Que estén en paz.

Que todos los seres del universo estén libres de sufrimiento

Que todos los seres de todos los universos,

en cualquier lugar, estén libres de sufrimiento.

Que estén bien y sean felices.

Que estén en paz.

Que todos los seres de todo tipo, en todas direcciones,

estén felices y en paz.

Arriba y abajo,

cerca y lejos,

de alto y bajo rango.

Todos los tipos de seres.

Humanos y no-humanos.

Visibles y no-visibles.

Todos los animales, pájaros y peces.

Todas las criaturas,

sin excepciones.

Que todas sean felices.

Que todas sean libres.

Abro mi corazón

y acepto a cambio el amor-universal

de cada ser y criatura

Permito que este amor entre en mi corazón.

Y comparto todos los beneficios de esta

meditación con todos.

Que todos los seres estén bien y sean felices.

Que todos los seres estén bien y sean felices.

Que todos los seres estén bien y sean felices.

Que haya paz.

Que haya paz.

Que haya paz.

Después de la meditación, cada niño recibe un beso y un “Te quiero”. Permanezco estirado ahí brevemente y entonces me voy.

Esta práctica es ligeramente diferente de la que hago con mis estudiantes de meditación adultos. Hay matices que ajusto a la edad y estado de ánimo, para que la meditación sea algo con lo que los niños puedan relacionarse de forma directa y también emocional. A medida que maduran y que su mundo crece, el campo de acción de la meditación puede crecer y aún así seguir siendo congruente con ese mundo.

Al tener unas instrucciones de inicio en lugar de comenzar por la práctica misma, estoy creando el escenario y el estado de ánimo. Esto genera una transición de escuchar un cuento a centrarse en sus sentimientos y sensaciones para después hacer crecer estos sentimientos y sensaciones hacia el amor. Otro ajuste es que cada persona, grupo o región hacia la que se envía el amor-universal tiene ligeras diferencias en las palabras que uso. No quiero que esta práctica se eche a perder. Evitando la repetición permitimos que la meditación se mantenga viva y centrada en el tema.

Entonces hacemos crecer los sentimientos y las sensaciones de amor en el suelo más fértil: lógicamente en las personas más cercanas y más queridas (o animales o plantas). Los niños logran poner mucha atención en ellos mismos, por el mero hecho de que todos queremos estar libres de dolor y de dificultades. Cuando sabemos como esto se siente en nosotros mismos, podemos, con identificación y comprensión, expandimos este sentimiento a otros. Después de todo, son tal como nosotros y también deben querer liberarse del dolor, la incomodidad y otros sufrimientos.

Llevamos el amor-universal hacia nosotros mismos, hacia alguien que amemos mucho (PAPÁ y MAMÁ), hacia otros que amemos (LOS HERMANOS), entonces hacia aquellos que nos caen bien (NUESTROS AMIGOS EN LA ESCUELA) o que al menos nos sean neutros (MAESTROS Y OTROS NIÑOS), entonces a todos los seres. Con los adultos la práctica va desde uno mismo a alguien querido, de ahí a alguien neutro, entonces a hacia alguien por quien sintamos ira, de ahí en adelante lo extendemos geográficamente. Con los niños, vamos ampliando el mundo paulatinamente; no “empujamos el río”. Cuando están preparados, llevamos el amor-universal hacia personas hacia las que sienten cierta agitación. Incluso con el niño pequeño añado a veces personas por las que pueda sentir ira. Con mi hijo de trece años lo hacemos a menudo, aunque parece que no siente mucha agitación hacia los demás.

Hay un elemento de improvisación en la manera en la que dirijo esta práctica. Si siento que los niños están en un lugar que es especialmente amoroso, me centro más en enviar amor a sus maestros. “Que realmente estén libres de dificultad y sufrimiento”. Esto les ayudará a ver a sus maestros como seres humanos comunes, con dolor, con vidas fuera de la escuela, como seres humanos comunes que no están más allá del error o la emoción. También es posible que dirija amor-universal extra hacia alguien con necesidad, como podría serlo una abuela enferma. Así podemos ayudar al niño a ver que cuando hay necesidad das un paso fuera de ti y das extra.

Al extender el amor-universal geográficamente, intento caminar en un espacio que queda entre convertirlo en un ejercicio mental (“¿dónde está esta ciudad?”, “¿qué es un continente?”) y ser tan general que no evoque sentimiento de conexión (“Oh, estamos en esa cosa de expandir que realmente no entiendo, me quedaré aquí estirado mientras tanto”). Con la edad, todo esto se vuelve más sofisticado.

Pero uno debe ir con cuidado para no convertirlo en una lección de geografía, aunque un poco de intriga no hace daño (“Envío amor-universal hacia la totalidad de Asia, África, Australia; en todos los océanos hacia todas las criaturas del mar”). Aquí el sentimiento de conexión y expansión es primordial. De mí a ellos, a todo lo que está en la tierra, a todo el universo, a todo en todas direcciones, sin excepción. Esto ayuda a que el corazón crezca y se suavice… Y, de una manera amable, permite que el niño (o nosotros) pueda salir de sí mismo.

Con los niños surgen preguntas que puede que no surjan con los adultos, como el momento en que mi hijo quería enviar amor-universal hacia MANTITA AMARILLA1. Primero le dije que MANTITA AMARILLA no tenía conciencia alguna. Esto no le impresionó. Entonces le dije que enviaríamos amor-universal a MANTITA AMARILLA, imaginando que “todos los seres” podía incluir a su amigo de tela si mi hijo así lo decidía. Sin embargo, cuando comenzamos la práctica del amor-universal sucedió del modo siguiente:

YO: “Envío amor-universal a papá y mamá…”

MI HIJO: “… y MANTITA AMARILLA”

YO: “de acuerdo, y MANTITA AMARILLA”.

A medida que mi hijo mayor maduraba y su comprensión emocional se ampliaba, fui extendiendo con cuidado la meditación. La compasión es una prolongación del amor que se adentra aún más en esta trayectoria de ir más allá de uno mismo para abarcar a otros. Así que el mayor, una vez formado en la práctica y tras enviar amor-universal a todos los seres, pudo darse espacio para sentir el sufrimiento de otros y para permitir que su corazón resonara con ese sufrimiento. Todo esto sucedió con dulzura y sin dogmas. Para ser capaz de crecer en su práctica de esta manera, quizá percibió, aunque fuera sólo un atisbo, la fina y sutil experiencia del respeto y la madurez.

No puedo asegurarlo, pero tengo la esperanza de que esta compasión crecerá en mis hijos a medida que alcancen niveles más profundos del rico y complejo mundo social de los jóvenes adultos y que actúe así como contrapeso a la arrogancia y juicio que acompaña este etapa de la vida. Espero especialmente que puedan desarrollar una compasión por aquellos menos afortunados que ellos, gente sin suficiente alimento, sin casa o ropa adecuada, gente en zonas de guerra o gente golpeada por la enfermedad. En nuestra sociedad privilegiada, donde muchos de nosotros no vemos el alcance exterior del sufrimiento humano, quiero, de una manera activa, infundir la capacidad para la compasión. Gracias a sus experiencias en la vida, la compasión misma irá creciendo y se hará más profunda.

Intento hacer esto sin mucho apego hacia los resultados o el proceso en sí mismo. Si mis hijos deciden que ya no quieren hacer esto, espero poder soltarlo con facilidad. Pero hasta ahora, así como durante los 16 años pasados, ellos valoran positivamente esta práctica del amor-universal.

******

Que muchas familias puedan beneficiarse de estas enseñanzas, y de las familias, a la sociedad y a todos los seres visibles o invisibles con los que compartimos existencia. ¡Éxito!

******

Esta tradución de Giulio Santa está bajo licencia cc (Debes incluir la página de orígen en caso de citarlo o utilizarlo en otra lugar así como la licencia a la que está sujeto. En caso de querer utilizar el texto entero, redirige a esta página y/o al enlace del pdf)

SOBRE EL AUTOR

gregory-kramer-photoGregory Kramer enseña meditación desde 1980. Ha creado una práctica de meditación relacional llamada Meditación interior en la conversación (Insight Dialogue – ID) y ha enseñado ID y retiros contemplativos de Dharma en Norte America, Asia, Europa y Australia desde 1995. Ha estudiado con maestros que han gozado de gran admiración y respeto, incluyendo a Anagarika Dhammadina, Ven. Balangoda Ananda Maitreya Mahanayaka Thero, Achan Sobin Namto y Ven. Punnaji Maha Thero. Antes de convertirse en maetrso de Dharma, Greg trabajó como investigador de tecnología de audio y como profesor de Composición de Música en la Universidad de Nueva York. Sus libros incluyen: Inisght Dialogue: un camino interpersonal al despertar (editado en Shambala) Sembrando el corazón: la práctica del amor universal con niños; y Contemplar el Dharma: meditando juntos con los textos de sabiduría (ambos en edición electrónica). Los dos primeros han sido traducidos al castellano. La traducción castellana de Sembrando el corazón está publicada electrónicamente en el blog Luz de atención constante y la de Insight Dialogue está pendiente de publicación.

1NT: Mantita Amarilla es el nombre con el que bautizó uno de los hijos de Gregory a su manta, a la que, como vemos aquí, personalizó.

Podéis descargar aquí la traducción de Sembrando el corazón. La práctica del amor-universal con niños de Gregory Kramer

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War and Peacemaking in Liberia

 

War and Peacemaking in Liberia

Hace aproximadamente un año estuve por vez primera en Plum Village, el centro fundado por el maestro vietnamita Thich Nhat Hanh. Estuve como voluntario de apoyo para el retiro de familias que se celebra en Julio. Allí conocí a Christian, ex general rebelde y actual activista por la paz, y supe también de su historia. Publicamos aquí un artículo publicado originalmente en la revista Yes sobre la historia de Christian y las actividades que él y otras organizaciones desarrollan por la paz en Liberia. Con anterioridad publicamos también otros artículos relacionados con experiencias de dhamma en lugares de conflicto. Artículos cedidos por la revista Tricycle. Os dejo los enlaces por si tenéis interés en revisarlos:

Aunque hemos informado a Yes de la intención de Publicar este artículo pero no hemos, a día de hoy, obtenido respuesta; al contrario que sucedió con Tricycle. Espero que pronto podamos tener el permiso confirmado.

Os dejo ahora con este bello artículo, espero que os resuene tanto como a mí, que despierte vuestra claridad y creatividad y que, en general, os ayuden a continuar el camino en sus diferentes aspectos (meditación formal, vida activa, virtud, los cuatro inconmensurables etc…). Que se auspicioso y traiga beneficio a incontables seres.

(por cierto si alguien se anima a traducirlo al castellano… no dudéis en contactar con Luz de atención constante para poderlo publicar y que todos los que tengan dificultades con el inglés puedan también disfrutarlo)

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War and Peacemaking in Liberia

Former soldier Christian Bethelson’s only job skill was killing—until a chance meeting on a muddy road transformed his life, and many others through it.
Christian Bethelson at Refugee Camp photo by Cynthia Jurs

Christian Bethelson visiting a refugee camp after violence erupted in Ivory Coast.

Photo by Cynthia Jurs.

“I tell my children, ‘Watch who you marry,’” says 53-year-old Christian Bethelson. “I married an AK-47, and it stole 27 years of my life. Bad marriage.”

He flashes a smile. One of his front teeth is missing, knocked out during a torture session in military prison. He’s also got a scar from a bullet in his right leg, and a host of terrifying stories from the front lines of Liberia’s civil war, one of West Africa’s most brutal conflicts in recent history.

Like the nation itself, Bethelson is trying to leave behind decades of military rule and no-holds-barred warfare. It hasn’t been easy. Even in a quiet living room in sleepy Santa Fe, New Mexico, where he has come to develop his peacebuilding work and further his personal studies in meditation, Bethelson does not seem entirely at ease. He sits on the edge of his chair and gesticulates broadly, his heavily accented voice rising as he describes how he stumbled into the life of a soldier—a life he might still be living today, if not for the chance encounter on a muddy road that set him on a path to transformation.

Today, Liberia’s Grand Cape Mount County is a roll of forested hills, cleared in no obvious pattern to make room for rice fields, rutted dirt roads, and clusters of palm-roofed homes. Somewhere, a bird is always singing.

In many ways, the region has changed little since Christian Bethelson was born there on January 1, 1958. Then, as now, its residents were mostly poor families, descended from any number of the 16 tribes that were living in the area when freed black slaves from the United States arrived in the early 1800’s and—despite sharing a skin color—established a two-class, colonial society that left families like Bethelson’s with scant political power or opportunity for economic advancement.

As was common at the time, Bethelson’s father had multiple wives—nine of them—and Bethelson’s earliest memories are not of playing, but of working the fields with his many brothers and sisters, scrambling sun up to sundown to scratch out enough food for everyone. From an early age, Bethelson intuited that education would be the surest path out of such a hardscrabble life. With dogged persistence, he trudged long morning hours to get to the nearest school—when his father would permit it—and then hustled home in the afternoons, lugging firewood he would pick up along the way.

Studying mostly on an empty stomach, he managed to graduate from the high school in the county seat. He knew he needed more.

“I had to go college,” he says. “Education is the oxygen of the world. I was choking without it”

When he learned the government was offering university scholarships for young men who enlisted in the army, he immediately signed up—only to find out the scholarships had run out.  He was obliged to serve anyways.

Bethelson was taken to a military hospital in the neighboring country of Sierra Leone. Slowly, his physical wound healed. The emotional damage did not.

That was 1978. Two years later, tensions generated by a century of injustice came to a head when a young sergeant named Samuel Doe murdered the Americo-Liberian president and installed himself as the nation’s first indigenous leader. Liberians flooded the streets of capital city Monrovia in jubilation, celebrating what seemed a step towards a more inclusive, democratic society.

But Doe soon proved ill-equipped to lead the nation into a more enlightened era: He conducted a macabre firing squad execution of several prominent Americo-Liberians, allowed his soldiers unchecked power, and grew increasingly corrupt. He played off Cold War tensions to stay in favor with the Americans, and cracked down on political dissidence at home by sending Bethelson and other elite soldiers to places like Israel and Libya for the latest training in anti-terrorism tactics.

The oppressive measures backfired. Powerful rebel forces rose up, stormed the countryside and destroyed Monrovia, sending some 500,000 Liberians—20 percent of the entire nation—into foreign refugee camps. By mid-1990, Doe and 500 of his remaining soldiers had retreated into the Executive Mansion, where they held out for months under unimaginable conditions.

Bethelson was among them, and even today, his voice breaks as he tries to describe those final months of Doe’s regime.

“People were drinking blood. People were eating people. Chickens were more valuable than humans. I kept a round in my AK-47—I knew that if the rebels caught me, it would be better to be dead.”

I was never in a good stage, never experienced happiness. I had been driven from my family, from my country, from my dignity.” He pauses, and then adds: “I had no conscience.”

Bethelson survived on chicken bouillon and hot water until international peacekeepers brokered a ceasefire, and he and others escorted Doe to the port for peace talks. But no sooner had they laid down their guns, than a rebel faction broke the accord and opened fire. Many were killed; Bethelson scrambled aboard the peacekeeper’s ship, a bullet in his leg. (Doe was soon after tortured and executed in the Executive Mansion by a rebel named Prince Johnson, who caught international attention by releasing graphic video of the event.)

Bethelson was taken to a military hospital in the neighboring country of Sierra Leone. Slowly, his physical wound healed. The emotional damage did not.

“I would get drunk, smoke dope, listen to Bob Marley. I was never in a good stage, never experienced happiness. I had been driven from my family, from my country, from my dignity.” He pauses, and then adds: “I had no conscience.”

What he did have were years of military experience and training—assets that quickly led him back to Liberia, now plunged into full-out civil war. Under the nom de guerre General Leopard, Bethelson spent the next 13 years leading rebel forces in ruthless battle against warlord Charles Taylor. He was imprisoned for three of those years, but managed to escape and return to the front lines.

“I was afraid they’d reject me,” he recalls, “but instead they gathered around me, told me they loved me, even hugged me. I didn’t expect that. That someone could love me after all that I had done…”

It was not until 2003, when an uncertain peace arrived, that he finally set down his AK-47. His first move was to find his wife and children, whom he’d not seen in four years. He found them living in an unfinished house, half-starved to death. But the country’s infrastructure was destroyed, and there was no work to be found. The joy of being home soon faded before a crush of impotence, shame, and anger.

“My wife and kids would insult me, cuss at me, ask why I could not find food for them. I would leave early in the morning, go to the beach and get high, and return late at night, when they were asleep.

“At that point I hated myself for having no education, for having gone into the military, for having participated in the ways that I had, for having been a rebel general. I saw myself as a criminal.”

Christian Bethelson House photo by Cynthia Jurs

This is the “house” where Bethelson discovered his family living “half starved to death.” It is not far from his current home and Bethelson returns regularly to sit by this tree—still a favorite refuge and place to meditate.

Photo by Cynthia Jurs.

After two frustrating years, Bethelson weighed his options. He had not worked the earth since childhood. His high school diploma was worth little, and his dream of going to college as distant as ever. He had only one marketable skill to which he could turn. Like so many other Liberian veterans, he set out to offer his soldiering services to the highest bidder in the newest regional conflict, in the neighboring Ivory Coast.

He’d not quite reached the border when the car in which he was traveling got stuck on a road turned to mud by the rains. Several other cars had gotten stuck along the same stretch, and drivers and passengers stood about in small groups, working at the tires with makeshift tools, or chatting as they waited.

Bethelson was drawn toward the conversation of a nearby group, which included some white Westerners. He overheard them talking about peace, and was struck not only by the words, but by the tone of their voices. He realized he was hearing something he had not heard in a very long time—a sense of hope.

He knew his eyes were bloodshot, and he looked haggard, even threatening, but he stepped up to the group and introduced himself as a former rebel general.

“I was afraid they’d reject me,” he recalls, “but instead they gathered around me, told me they loved me, even hugged me. I didn’t expect that. That someone could love me after all that I had done, could come up and hug me … I could not have dreamed it being possible.”

“It’s significant that this happened from me being stuck in the mud. Being physically stuck like that created an awareness in me.”

The group was called the everyday gandhis, a nonprofit organization dedicated to helping war-torn communities rebuild. They quickly recognized that Bethelson could be a key ally in their work, someone who was ready to embrace peace, and could help other veterans do the same. They asked if he would consider joining them. At first Bethelson declined, believing he would be unable to meet the challenge. But after a longer conversation with a charismatic group member who went by “Uncle Jake,” Bethelson agreed to give it a try. The group gave him $100 as a token payment. He accepted it gratefully, found a car heading back, and arrived home proudly bearing bags of food for his family. He’s never looked back.

Peace Hut photo by Cynthis Jurs

Bethelson in front of the Peace Hut in Telowoyan Village outside of Voinjama in Lofa County, Liberia that Alliance for the Earth helped to build. He is standing with the daughter of the Paramount Chief Bessa Telowoyan, who gave the land to build a cultural center here. The community decided to build a Peace Hut in the village as a place to come to resolve conflict and continue to cultivate their prayers for peace. The peace hut is a traditional structure that has been used for centuries as a place to go to resolve conflict in the traditional way and the building of peace huts is now being advocated by the Liberian Truth and Reconciliation Commission as a valuable peacebuilding mechanism to strengthen and stabilize peace in the region.

Photo by Cynthia Jurs.

“It’s significant that this happened from me being stuck in the mud,” he says. “Being physically stuck like that created an awareness in me. I can see now it was a sign that something was about to shift in my life.”

For the next few years, Bethelson worked with Uncle Jake and the everyday gandhis, and in 2008 traveled with them to a conference in Northern California, where he was moved by a meditation ceremony led by Buddhist practitioner and teacher, Cynthia Jurs:

“I saw her sitting on the ground, very focused, and I thought, if I can be focused and quiet like her, I can recover.”

When Jurs traveled to Liberia the following year, to conduct a healing ceremony through the Earth Treasure Vase Global Healing Project, Bethelson began to formally study a type of meditation called “engaged Buddhism” with her. The practice, he says, has completely “remolded” who he is:

“Meditation brings me back to my true self, to my real conscience and sense of humanity. With a deep breath, my heart feels a sense of relief, like you are thirsty, and you drink a very cold glass of water.”

Today, Bethelson and Uncle Jake have embarked on an ambitious project with Jurs’ nonprofit, Alliance for the Earth, to build “peace huts” throughout the nation. A callback to the traditional “palaver huts,” where elders once gathered to resolve civil and tribal conflicts, the circular, open-walled structures offer a way for the wounded communities to unite, and like Bethelson, rediscover who they were before the conflict. The first peace hut has been built in hard-hit Lofa County; here in the United States, Bethelson and Uncle Jake are raising funds to start construction on the second.

Heal the Warrior
Heal the Warrior, Heal the Country

Our country will not find peace until we break the habit of making war.

“The government’s doing what it can,” he says, referring to the administration of recent Nobel Peace prize winner Ellen Johnson Sirleaf, re-elected this November.  “But the tribes have been divided. We all fought for different factions, and in order to have one nation, one destiny, and one people, we need to create the peace huts, where we can leave our ethnicity behind us and come together.”

As this article is being posted, Bethelson is back in Liberia, working on the peace huts, furthering his own mediation practice, and inviting former combatants to share their stories, to dance and sing, to play soccer, and to take a moment to breathe. He still dreams of attending university to pursue a degree in counseling, so that he can build his capacity as a peacemaker, and do even more to help Liberia recover.

But for now, he’s taking it slowly, enjoying his new life as a peacemaker, a civilian, and a member of his family.

“I love washing the dishes,” he says. “I love doing the laundry, playing with my kids. It sounds foolish, but I’ve got a lot of time to redeem.

“My great Buddhist teacher tells me, ‘Slowly, slowly, step by step, we’re going to arrive.’ I believe that. We’re all going to arrive.”


Seth Biderman wrote this article in partnership with The Academy for the Love of Learning for YES! Magazine, a national, nonprofit media organization that fuses powerful ideas with practical actions. Seth is a writer and teacher researching transformational education. He has reported on sustainability, education, and personal transformation

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Exito en la pareja

Éxito en la pareja ¿Cómo? Vivimos en una sociedad donde no parece que sean muchas las parejas que logran una convivencia que les permita un crecimiento mutuo. Muchas de ellas incluso acaban separándose. Este hecho, a mi entender, está muy relacionado con el poco estímulo a la comunidad y la convivencia que recibimos hoy en contraposición al estímulo de conseguir ‘lo nuestro’ como separado de los demás. Este pequeño texto, que encontré recientemente, nos acerca a algunas de las cualidades que favorecen la convivencia y a algunas de las que favorecen la separación. Espero que lo disfrutéis y que podáis ponerlo en práctica en los diferentes ámbitos de las relaciones humanas y del crecimiento interior (esto es: con uno mismo y con los demás).

 

Abrazando el dolor en el MatrimonioFondo-Pareja-300x192

Durante 14 años, el psicólogo John Gottman y sus colegas en la universidad de Washington hicieron el seguimiento de 650 parejas para descubrir qué es lo que hace que los matrimonios tengan éxito. Dice que puede prever con una precisión del 91% qué parejas acabarán en un divorcio. Estas son las que practican crítica, una actitud defensiva, desprecio y cerrarse en uno mismo; los “cuatro jinetes del apocalipsis”.
Gottman también observa que el 69% de las disputas conyugales nunca se resuelven, en especial las discusiones sobre temas centrales de la personalidad y de los valores. Dado que las parejas no resuelven la mayoría de sus diferencias personales, las parejas que tienen éxito aprenden, de alguna manera, a aceptarlas. Las parejas felices “se conocen íntimamente el uno al otro y son expertas en los gustos y aversiones, en las particularidades de la personalidad, esperanzas y sueños de uno y otro”.
El psicólogo Andrew Christensen y Neil Jacobson desarrollaron una terapia de pareja basada en la aceptación: la terapia de pareja integral. Este enfoque utiliza el comportamiento para abordar problemas que pueden ser cambiados y “aceptación” para problemas que no pueden cambiar.
Aceptación significa adoptar los problemas como un camino a la intimidad y abandonar la necesidad de cambiar a tu pareja. En un ensayo aleatorizado de 6 meses de duración con terapia de pareja semanal, dos tercios de las parejas que estaban crónicamente angustiadas antes del tratamiento permanecían significativamente mejoradas 2 años después.

Traducción Castellana Giulio Santa. Citado en pág 15 The mindful path to selfcompassion. C. Germer. The Gilford Press 2009.

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Embracing Misery in Marriage
For 14 years, psychologist John Gottman and colleagues at the Univer
sity of washington tracked 650 couples to discover what made mar
riages successful. he says he’s able to predict with 91% accuracy which
couples will end up in divorce. They’re the ones who practice criticism,
defensiveness, contempt, and stonewalling, the “Four horsemen of the
apocalypse.” Gottman also observed that 69% of marital disputes are
never resolved, especially arguments about core personality issues and
values. since couples don’t resolve most of their personal differences,
successful couples somehow learn to accept them. happy couples
“know each other intimately and they are well versed in each other’s
likes, dislikes, personality quirks, hopes and dreams.”

psychologists andrew Christensen and Neil Jacobson developed
an acceptance-based couple therapy: integrative couple therapy. This
approach uses behavior therapy to address problems that can be
changed and “acceptance” for problems that can’t change. acceptance
means embracing problems as a path to intimacy and relinquishing
the need to change one’s partner. in a randomized, controlled study
of 6 months of weekly couple therapy, two-thirds of couples that
were chronically distressed before treatment remained significantly
improved 2 years later.

 

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He llegado estoy en casa, el sello del dharma de Plum Village

He llegado estoy en casa, el sello del dharma de Plum Village

Llegamos a casa tras las vacaciones de verano. Muchas personas, quizá también nosotros, sienten cierto tedio, anticipación de una rutina o de estar en contacto con algo que no nos gusta. Uno no está muy seguro de estar ‘volviendo a casa’. Pero, ¿dónde está nuestra verdadera casa? ¿Es algo que nos acompaña allá dónde vamos o es algo externo que perdemos cuando ya no estamos en un lugar? O se dan ambas situaciones en nosotros. Este texto de Thich Nhat Hahn nos da una práctica y reflexión sobre ‘llegar a casa y estar en casa’. Mis mejores deseos de que os acompañe en estos días y en todos los que siguen.

“Queridos Ancestros, querido Padre, querida Madre, querido Buddha, queridos Patriarcas, querido Maestro, queridos Amigos, he llegado. Estoy en casa al mismo tiempo que continúo dando pasos, ya he llegado, ya estoy en casa. He dejado de deambular. Esta es la enseñanza y la práctica de Plum Village, el Sello del Dharma de La villa de los ciruelos (Plum Village).

He llegado a la Tierra Pura, una verdadera casa, donde puedo entrar en contacto con mis antepasados y mis descendientes. Puedo tocar el paraíso de mi niñez y todas las maravillas de mi vida. Ya no estoy preocupado con ser o dejar de ser, con ir o venir, con nacer o morir. Estoy en mi verdadera casa, no tengo miedo, no hay ansiedad. Tengo paz y liberación. Mi verdadera casa es el aquí y el ahora. He encontrado verdadera felicidad.

Durante tantísimas vidas he sido un vagabundo, en busca de paz y felicidad. En mi camino de búsqueda he caído en el abismo de los errores, la amargura y la desesperanza. Hubo tantos momentos en los que pensé que moriría antes de encontrar aquello que estaba buscando. Querido Buddha, me has ayudado, me has salvado. Me has enseñado que aquello que estaba buscando está dentro de mí y puede encontrarse en el momento presente.

El proyecto de construir

es el proyecto de diez mil vidas.

Pero mirando con profundidad,

vemos que ya ha sido hecho.

La maravillosa rueda de la transformación

siempre nos conduce adelante.

Toma mi mano y verás que hemos estado presentes

por largo tiempo en esta maravillosa existencia.

Nuestra maravillosa existencia incluye tanto felicidad como sufrimiento. ¿Cómo podría ser posible la felicidad sin el sufrimiento? Cuando somos capaces de ver que el sufrimiento es el elemento que puede ser utilizado para generar felicidad, de pronto dejamos de sufrir. Con esta comprensión, mi felicidad se vuelve inmensa y es capaz de abarcar todo el sufrimiento. Ya no me es necesario buscar o correr tras cosa alguna. He parado.

Ya no soy un vagabundo porque tengo un camino y ya no tengo que preocuparme más. Mi camino es el camino de detenerse, el camino de disfrutar del momento presente. Es el camino donde cada paso me devuelve a mi verdadera casa. Es un camino que lleva a ningún sitio. Estoy en mi camino a casa. Llego a cada paso. Doy mis pasos como si tuviera todo el tiempo del mundo pues no tengo porqué apresurarme. Esta es mi vida. Esta es mi práctica.

El viento continúa moviéndose. ¿No lo sabes, mi niño?

Mientras la lejana lluvia se aproxima a la cercana nube

gotas de rayos de sol de arriba están cayendo.

Por eso, mi niño, en tu camino a casa,

da pasos con calma y tiempo,

porqué sólo hay una Luna,

no hay creciente, no hay menguante.

El Sello del Dharma de la Villa de los Ciruelos es “He llegado, estoy en casa”. Significa que la felicidad es posible. La libertad es posible. Justo ahora. Justo aquí.

Thich Nhat Hahn”.

Prefacio del libro “I have arrived I am home. Celebrating 20 years of Plum Village”. Parallax Press – 2003. ISBN: 1888375256. Traducción castellana de Giulio Santa, GS2016. Si deseas reproducir parte o la totalidad de este texto para libre uso y acceso, por favor cita esta entrada y blog (con enlace si es electrónico), al traductor y la fuente original. En otros casos, todos los derechos de esta traducción quedan reservados. Que esta acción traiga beneficio a incontables seres en su camino al despertar.

 

 

En los siguientes enlaces podéis encontrar otras entradas del blog relacionadas con Thich Naht Hahn:

Los cinco entrenamientos

Los catorce entrenamientos

Experiencia en la vida diaria (inglés)

Ram Dass Entrevista a Thich Nhat Hahn (video en inglés con subtítulos en español)

Y en este enlace podéis ampliar material sobre Thich Nhat Hahn:

http://thaysanghaluces.es/

http://plumvillage.org/

Traiga incontables beneficios a todos los seres.

 

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La (no)mente perfecta

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Se acerca ya el verano. Quisiera compartir con vosotros para este periodo un conocido poema dentro de la tradición zen: Xin Xin Ming (Hsin Hsin Ming). Tiene múltiples traducciones: La no-mente perfecta, Confianza en la mente,… Según mi entender el poema gira en torno a una misma idea y entorno a una misma forma de exponer, los opuestos, así que mi sugerencia para saborearlo es desgranarlo en diferentes bloques e irlo degustando, quizá incluso memorizando, mediante la lectura repetida durante, por ejemplo, una semana, del bloque que hayamos escogido. Podemos leerlo por ejemplo por la mañana, al despertar, antes de hacer un rato de silencio, antes o durante un paseo matutino o quizá por la tarde… incluso antes de la siesta.

Espero que lo disfrutéis y encontréis el sistema que os sea más conveniente para saborearlo en toda sus dimensiones y facetas.

Aquí tienes el poema en castellano: La (no)mente perfecta

Traiga beneficio a muchos,

SARVA MANGALAM

PD: Para los que leaís inglés y os gusten las traducciones comparadas, o si os gusta este poema y queréis irlo trabajando en diferentes versiones (podéis leerlo una vez cada día, y cada 2-4 semanas cambiar de versión, por ejemplo) en este enlace podéis encontrar más de 20 traducciones y también el poema en grafía china. Clica aquí para acceder.

 

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